Resumen del artículo publicado en la Revista Psicosomática. El texto íntegro está disponible en la revista original.
El artículo articula tres marcos: el triángulo edípico de tradición psicoanalítica, el carácter rígido descrito por Wilhelm Reich y ampliado por Alexander Lowen, y la denominada herida de injusticia asociada a Lise Bourbeau. Su planteamiento es que ciertos conflictos afectivos infantiles pueden influir simultáneamente en la personalidad, las relaciones y los patrones crónicos de tensión corporal.
El triángulo edípico se presenta como una dinámica de amor, rivalidad, celos e identificación en la relación con las figuras parentales. Si la persona percibe que debe competir por afecto o cumplir expectativas para conservarlo, podría desarrollar control emocional, perfeccionismo, autoexigencia, autosuficiencia aparente y dificultad para mostrarse vulnerable. En el plano corporal, el texto vincula esta organización con tensión en pecho, cuello, diafragma, caderas y pelvis.
La herida de injusticia se explica como la experiencia infantil de no recibir valoración, atención o trato equitativo. La búsqueda posterior de validación reforzaría la rigidez y la autocrítica. Desde la psicoterapia humanista corporal, estas defensas son tratadas como adaptaciones protectoras que pueden reducir espontaneidad, placer y cercanía emocional.
Como vías de intervención se describen ejercicios bioenergéticos, respiración profunda y dramatización de relaciones familiares. Un caso ilustrativo presenta a una mujer adulta marcada por favoritismo familiar, tensión en pecho y caderas y una fuerte necesidad de demostrar valor mediante logros. El proceso narrado combina liberación de tensión con reconocimiento emocional y una valoración personal menos dependiente del rendimiento.